lunes, septiembre 18, 2006

Mamarrachadas, según Domínguez


Íñigo Domínguez es el corresponsal de El Correo en Roma. Es un periodista de una pieza, con una mirada pausada y curiosa capaz de mostrar un universo extraordinariamente interesante. Es aparentemente tímido, y muy guapo. Yo ya sé que la belleza no es considerada un atributo intelectual: hay mucha gente confundida por el mundo. A determinadas edades la belleza es consecuencia de lo que se es, de lo que se ha sido, de lo que se busca, de las ideas que nos golpean el interior del cráneo como bolas de billar...
Pero... Íñigo publicaba ayer una crónica de Venecia y de cómo transcurre la promoción de las películas. Una parte importante tiene que ver con las entrevistas a los artistas. No tiene desperdicio. Podéis leerla aquí.

4 comentarios:

euskalherritarra dijo...

Mamarrachadas hay todos los días en los periódicos. Se publican noticias según acuerdos y afinidades. Otras se dejan de publicar por intereses de cualquier tipo. Algunas sólo por hacer daño a alguien que no te devolvió aquel favor que le hiciste. Otras son publicidad enmascaradas en noticias (si me compras 18.000 euros en publicidad, tienes un reportaje a toda página sobre tu empresa) y algunas se guardan en el cajón para sacarlas en el momento oportuno, aunque hayan pasado dos meses desde que eso fue noticia.
Los responsables de comunicación de ciudades dónde hay más de un periódico local han cambiado las ruedas de prensa por las exclusivas. Cuando dan una rueda de prensa lo que al día siguiente sale publicado va en menor espacio que si la noticia hubiera llegado a ese periódico en exclusiva.
Los periódicos en un alto porcentaje no son todo lo limpios que aparentan y a mi me parece que eso es un engaño al lector.

Ander Izagirre dijo...

Gran crónica. Qué pasteleo, madre mía. Se la pasaré a nomeacuerdo, que de esas cosas sabe mucho.

David Álvarez dijo...

Muchas cosas quedan en la trastienda. Qué crónica.

CCG dijo...

Todavía queda periodismo serio (no sé si mucho, pero alguno sí) y gente que no admite entrevistas en serie, o que si se ve obligado a estar con una estrella junto a otros diez compañeros por lo menos lo escribe en estilo indirecto y sin hablar de entrevista. Estos problemas se resolverán cuando los profesionales nos neguemos a esto. Porque además no perdemos nada. ¿De verdad alguien cree que en 15 minutos, frente a diez periodistas, con frecuencia mediante intérprete, una estrella del cine (o de lo que sea) va a decir algo que tenga el menor interés?

 
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