lunes, febrero 19, 2007

Se llamaba Gina Monserrat

Tenía 34 años y vivía en Madrid. Había nacido en Nicaragua. El canalla que la ha asesinado a navajazos había llamado antes a la familia para contar sus intenciones. Luego se ha hecho a sí mismo unos cortes en el cuello. Está detenido e ingresado en un hospital.
No puedo con el contador, no puedo. Ignoro cuál es la razón de que algunas muertes (en lo que va de año, tres o cuatro) pasen absolutamente desapercibidas. Los diarios no las publican ni en breves. En la información que acabo de consultar hablan ya de una docena de asesinatos este año.
Los narcisos florecieron la semana pasada.

1 comentario:

June dijo...

Me alegro de que "no puedo con el contador" lo dijeses por el hecho de contabilizar los asesinatos y que sigas recordando sus historias, que es lo importante. Es triste, como decías, que un asesinato pase desapercibido, pero al menos cada año son menos los que no se detectan. Y aún así, repito mi idea machacona y rutinaria (lo reconozco): sigue sin contabilizarse las muertes provocadas por lesiones graves.

 
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