jueves, febrero 01, 2007

Aquel rostro de mujer


José Manuel Fernández es periodista de larga trayectoria: Ha trabajado en todo tipo de medios, ha creado revistas, ha sido redactor, ha tenido responsabilidades en alguna redacción...
En la actualidad, además de trabajar como jefe de prensa en un organismo andaluz, preside la Asociación de la Prensa de Jaén, provincia en la que reside. Además, JM es amigo mío. Por eso le he pedido que ocupe la sala de invitados. El suceso que nos cuenta en el texto lo vivió esta semana:

Fue como un golpe en frío que recibes en la cara, cuando estás desprevenido. Junto al parque, estaba la escena de la muerte, a media tarde, aunque resultaba difícil creer lo que estaba sucediendo. Una anciana se hallaba desvanecida en el suelo. La rodeaban varios médicos y enfermeros del 061, que golpeaban su pecho con enorme violencia tratando de reanimarla. Pero no consiguieron nada después de casi una hora de emplearse a fondo. Luego vinieron los policías locales que rodearon al grupo con una gran sábana blanca, a modo de biombo improvisado, para preservar la intimidad del momento de la mirada perpleja de un grupo de viandantes, que permanecían detenidos como hipnotizados por aquello. La misma sábana blanca acabó luego cubriendo el cadáver hasta que, horas después, se lo llevaron en un furgón. Ya por la noche, de esa última lucha del ser humano por la vida no quedaban más que un par de guantes de látex abandonados en el piso.

Pero no es el suceso sino el rostro de aquella mujer, aquella anciana moribunda, lo que no se aparta de mi mente. No era la suya una expresión plácida, pero tampoco de dolor, ni de angustia, ni tan siquiera de tristeza. Tampoco parecía dormida. Mi pensamiento al verla, fue creer que concentraba su atención en algo, pese a no encontrarse consciente. Ella está a lo suyo, dije para mí. Era un trance que parecía requerir toda su atención, quizás todo su esfuerzo, no para sobrevivir. Era ajena a los demás, a aquel ajetreo en torno a su cuerpo desmadejado y semidesnudo. Me impresionó la expresión de su cara pero al mismo tiempo era el mío un sentimiento de alivio. Creí comprender que el trance de la muerte, como el de nacer, requiere nuestra contribución activa, el esfuerzo de nuestro ser interno, como si fuera el deseo de una conquista, la victoria de alcanzar algo que nos importa.
La foto es del propio José Manuel Fernández.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues si he de contribuir a mi muerte, que no cuenten conmigo, al menos, demasiado pronto.

 
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