miércoles, enero 02, 2008

«En aquel pueblo daban de comer yerba a los coches»




Ramiro Pinilla/Escritor
«En aquel pueblo daban de comer yerba a los coches»


Pinilla presentó en Bilbao su última obra, ‘Antonio B. el Ruso, ciudadano de tercera’, que ya va por su tercera edición y es una revisión de la biografía del protagonista

La vida de Antonio Bayo, ‘el Ruso’, es una lucha contra el hambre, un hambre atroz, que sale de las tripas, que ocupa la cabeza y el pensamiento, que es una obsesión, que da sueño. Pero, sobre todo, que le lleva a robar, robar para comer, para aplacar esa exigencia. La primera vez que robó aún no había cumplido 7 años. Se llevó una berza del huerto de un vecino. En 1973, Ramiro Pinilla se entrevista con él durante un mes para después escribir su historia -la de una vida salvaje y miserable, la de un ser humano que anhela la cárcel para poder comer todos los días 19 lentejas flotando en agua sucia-. Y se edita entonces ‘Antonio B. el rojo’, que hoy ya sabemos que es ‘Antonio B. el Ruso, ciudadano de tercera’, de la editorial Tusquets.

El libro va por la tercera edición. Es más, y aunque a Ramiro Pinilla acaso le duela en lo más hondo, la primera edición, aquella que salió a la calle poco después de la muerte de Franco, fue su libro más vendido. Él lo atribuye al tono que eligió para narrar: “Quise usar un lenguaje simple, en el que el autor desapareciera, que lo entendiera todo el mundo”.
-¿Cómo llegó Antonio Bayo a su vida?
-A través de una llamada de teléfono de Ángel Ortiz Alfau.
-¿El que dirigió el periódico Bilbao?
-Sí, el fundador. Me dijo: ‘Mira aquí hay un tipo que dice que su vida es más aventurera que la de Papillón y quiere que alguien se la escriba’. Yo no sé por qué acepté. Nunca había hecho esas cosas. Igual tenía la mañana libre. Me fui a Bilbao, le conocí en el Arenal, estuvimos sentados en un banco media hora y vi que verdaderamente allí había un mundo secreto que... ¡Dios mío! Yo lo concebí como denuncia social.
-¿Cuándo fue?
-Sería el 73. Entonces, quedábamos en mi casa citados. Él comía aquí, yo le grababa todo y tomaba notas.
-Después de tanta hambre, ¿cómo era físicamente?
-Estatura media, 1,70, muy cuadrado, y muy rígido. Siempre decía que las bisagras no le funcionaban, que no valía para trabajar.
-Por fin, ¿estaba gordo?
-Sí, un poco obeso.
-¿Era guapo?
-En su tierra tuvo que ser un adonis, porque en el relato se trasluce que gustaba a las mujeres. Era rubio, agraciado y simpático. Tenía un gracejo, aunque era muy simple y no tenía vocabulario. Pero no era un charlatán.
-¿Cómo contaba su vida?, ¿era desordenado?
-Contaba la esencia, no interpretaba, no hacía juicios, contaba y contaba, de un modo simple, como he intentado yo ponerlo. Esa fue una de mis preocupaciones: utilizar un lenguaje simple, en el que el autor desapareciera. Él tenía una gran memoria y una característica que me hizo creerle: carecía de imaginación. No concebía que en un libro se mintiera. Naturalmente, no conocía la literatura. Había leído un único libro en toda su vida, ‘Genoveva de Brabante’.
-¿Llegó a leer su biografía?
-Cuando lo acabé, antes de publicarlo. Se la llevó a casa y vino diciendo que no se podía publicar, que él no era ese. No se vio. Entonces me hice yo la pregunta: ¿Qué escribimos los que escribimos? Un individuo que sí, de acuerdo, no ha leído ningún libro, pero yo me preguntaba si es necesario conocer las claves de la literatura y el lenguaje para entenderla. Como pregunta es muy peliaguda y eso que el lenguaje que yo uso es simple y directo. Era el más apropiado para que a él le interesara y no lo entendía.
-Pero cedió.
-¡Tenía tantas ganas de verlo publicado! Actuaba de autor, y en las presentaciones firmaba los libros. Un día me dice: “Ramiro, tengo más historias para contarle”. Intenté explicarle que ya era bastante. Me dijo que, por vergüenza, había dejado de contarme algunas cosas, las mejores.
-¿A qué se refería?
-A que se tiraba a las gallinas, por ejemplo. Y él no mentía nunca. Entonces, fue divertido porque yo le había cedido a él el 50% de los beneficios de la venta, y entonces me dijo que sí, y que en el próximo libro él cobraría el 75%. Se vio encumbrado.
-¿Usted cómo reaccionó?
-Intenté explicarle que el autor era yo, pero él aseguraba que allí estaba la verdad de su vida. Porque me contó muchísimo y cantidad de episodios que no usé.
-Es repetitivo que baje del monte al pueblo y robe, y otra vez y otra vez.
-En esta edición hemos quitado algunos episodios, pero yo siempre he defendido la insistencia en la repetición porque tiene un sentido y un mensaje.
-¿Cuál?
-Que él los repetía, que no tenía otra salida.
-Puede haber un recurso literario para solventarlo.
-¿Cuál? ¿Decir que en diez años lo hizo 200 veces? Eso no tiene fuerza. Tiene fuerza la narración porque aunque los episodios son parecidos, nunca son iguales.
-¿Cuánto hay de creación?
-Yo quise interpretar su personalidad y su situación sin que se notase. Tuve que ayudarle a decir cosas, porque él no reproducía los diálogos; los he creado yo sin apartarme del proceso, de modo que perfectamente los podía haber dicho él.
-¿Visitó usted La Baña, el pueblo de Antonio?
-Sí, después de la publicación. Y le vi a don Matías, el cura. Me lo señaló Antonio. Era una sombra a unos 100 metros, posiblemente avergonzado de saber del libro.
-¿Cómo era aquella tierra?
-Muy pobre, tanto que allá por 1940, recibió la visita de un gobernador y los vecinos corrían asustados delante de los jeeps. Nunca habían visto un coche. Una vecina les llevó yerba, y la puso delante del morro de los coches, para que comieran.
-¿Quién fue la peor persona con que topó Antonio en su vida?
-Los funcionarios, los guardias civiles, porque les hacía trabajar. Puede que se salvará alguno.
-¿Tras la publicación tuvieron problemas con la justicia?
-No. Yo, consciente de que él era el más indefenso, tomé algunas precauciones: cambié su apodo, el nombre del pueblo, algunos detalles. ¡Con lo que se dice ahí y no hubo problemas!
-¿Y encuentra alguna buena persona?
-Sí, la tía Petra le ayudaba y le insistía en que dejara el pueblo; después, un matrimonio que quiso adoptarlo; los gallegos que le cuidan tras una herida de bala... No muchos más. La madre era una mujer sin recursos, se entregaba al cura, quiso vender al hijo por 27 pesetas.
-¿El Ruso lo lamentaba?
-Nunca lo declaró, pero yo creo que es la clave de los grandes dolores de Antonio.

La entrevista se publicó en el suplemento Territorios el 15 de diciembre. La foto es de la cena que celebramos después de la presentación: a mi derecha, él; a mi izquierda, Juan Cerezo, editor; el resto, familiares y amigas.

7 comentarios:

David Álvarez dijo...

Qué interesante. A ver si todavía voy a tener que leer algo de Pinilla...

Ander Izagirre dijo...

Qué buena pinta. Me pasa como a David.

J. Z. dijo...

Ahora entiendo lo del título. No acababa de comprender porqué Ramiro sacaba un nuevo libro con un nombre similar al de "el Rojo".

Sigue siendo una historia total, en la línea de "Camina o revienta" o "Pascual Duarte"; personajes de la España real del "no me cogeréis vivo...". Bravo.

Lucía Martínez Odriozola dijo...

Ya estáis tardando.

Ander Izagirre dijo...

Francis llegó ayer a casa con esta entrevista recortada de El Diario Vasco (la recortó del diario de un bar, a escondidas :-): el atenuante es que ya era casi de noche y el diario estaba moribundo).

La recortó porque le gustó mucho, sobre todo el arranque. Dice que refleja muy bien el estilo del libro. Y que le va a dar un empujón a las ventas (trabaja en una librería y sabe que muchos compradores llegan con un recorte del periódico a buscar el libro).

Lucía Martínez Odriozola dijo...

Me alegro mucho de lo que cuentas. Yo también trabajé en una librería y sé la importancia que tiene el buen o mal juicio de quien aconseja. Recuerdo el asombro de una editorial cuando se dieron cuenta de que en una librería de pueblo se habían vendido decenas de ejemplares de uno de sus libros (no eludo a propósito el título: simplemente no lo recuerdo). A tanto llegó el asombro, que se llevaron a la propietaria de la librería a una de las grandes ferias, de invitada, claro. Supongo que querían ver la cara de aquel milagro.

Anónimo dijo...

NO SE SI ES PORQUE ES DE MI PUEBLO YO ME HE LEIDO CASI TODOS SUS LIBROS. CUANDO PUBLICO LA PRIMERA VEZ ESTE YO NO LO LEI, PERO TRAS ESTA ENTREVISTA LO EMPIEZO HOY MISMO.
A PINILLA HAY QUE LEERLO
MARTA

 
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